
Qué extraño es no ver en el mundo más que un solo ser, tener un solo pensamiento en el cebrero, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios: un nombre que sube continuamente, como el agua de un manantial, desde lo mas profundo del alma hasta los labios, un nombre que se repite una y otra vez, que se murmura incesantemente, en todas partes como si fuera una plegaria.
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